Guerra de sexos

Guerra de sexos

Desde que se hizo público el escándalo de Harvey Weinstein de acoso sexual en Hollywood se ha desatado una seguidilla de denuncias contra importantes personalidades del cine y de la política en diversas latitudes, incluso en Colombia.

Desde hace varios años se viene incubando un movimiento feminista, considerado por muchos como conservador y extremista, que reclama un frontal enfrentamiento contra las costumbres sexuales y hábitos que consideran remanentes de una cultura patriarcal machista.

El caso Weinstein fue la chispa que encendió la pradera y desató a nivel de las denominadas redes sociales y de muchos medios masivos de comunicación una protesta radical de movimientos como #metoo y el francés “delate a su cerdo” que han denunciado casos de presunto acoso contra personalidades de la farándula como el cineasta Wooddy Allen y otros directores y actores destacados de cine.

Estos movimientos radicales reivindican frontalmente el derecho a no ser molestada y consideran cualquier galantería o propuesta sexual masculina como acoso sexual.

Muchas de las denuncias que se han presentado datan de varias décadas y aun así, quienes las han hecho aún se consideran ofendidas.

A raíz de actos radicales que ha llevado a cabo el grupo Femen en distintas latitudes; como fue el que ocurrió con el pesebre del Vaticano en las pasadas navidades, cuando una activista Ucraniana desnuda de la cintura hacia arriba saltó las vallas e intentó apoderarse de la imagen del niño Jesús que adornaba el pesebre gritando: Dios es mujer; no han cesado los actos de protesta reclamando la eliminación del Patriarcado.

Recientemente un grupo destacado de famosas actrices francesas e intelectuales publicó en varios medios franceses como Le Monde y Le Fígaro, un manifiesto en rechazo de lo que consideró como una formalización de la violencia sexual.

El grupo encabezado por actrices tan afamadas como Catherine Denueve e intelectuales como Peggy Sastre consideran que estas agrupaciones feministas radicales constituyen un feminismo puritano que está erosionando el arte.

Para la intelectual francesa y Psicoanalista Sarah Chiche, el feminismo de Metoo es policiaco; es un retorno al orden moral.

Belinda Cannone escribe en Le monde que: “no es condenando la expresión del deseo masculino, sino compartiéndolo con los hombres que las mujeres lograran emanciparse”.

Para la mayoría de críticos de estos movimientos radicales se está montando una justicia sumaria; una justicia mediática expeditiva vía Twitter que no le concede al acusado la opción de defenderse.

Para Oliver Roy crítico norteamericano, el caso Weinstein ha tomado un giro peligroso ya que, no se critica la “cultura del agresor” sino su condición de macho, de animal, de cerdo. La naturaleza ha reemplazado a la cultura como origen de la violencia.

En Colombia, en donde los fenómenos hacen metástasis de la peor manera, se ha generado una verdadera cacería de brujas que las feministas radicales aplauden frenéticamente.

A raíz de la denuncia que hizo pública una periodista que prestó sus servicios durante la presidencia del Dr. Álvaro Uribe afirmando haber sido violada por su jefe, un importante y poderoso hombre público, sin señalar el nombre del presunto agresor, se ha desatado una verdadera cacería de “cerdos”. Las denuncias de esta dama que no quiso suministrar el nombre del violador, afirmando que tenía derecho a guardar silencio, obviamente se centraron en el expresidente Uribe; a quien se le pudieran imputar muchos errores y demás, pero nunca ha sido señalado de acosador o violador. Y como él mismo lo expresó, siempre ha sido un hombre respetuoso de las mujeres.

Recientemente hemos tenido el caso de otra periodista que afirma haber sido acosada por el doctor Alfonso Gómez Méndez, exprocurador y exfiscal, personaje que nunca ha sido cuestionado por este tipo de conductas, liberal respetado y académico reconocido, de quien la señora afirmó que éste la acosó en su apartamento privado cuando fue a realizarle una entrevista y el Dr. Gómez Mendez le puso durante la charla, una mano sobre la rodilla. Y que, al abrirle la puerta cuando se retiraba Gómez Méndez intentó besarla. ¡Que salió despavorida!. Y posteriormente manifestó en tono radical que a las mujeres no se les podía exigir que presentaran pruebas de sus afirmaciones.

Todos estos acontecimientos a nivel internacional y nacional, marcan un delicado punto de quiebre que nos lleva a pensar que, se ha iniciado una nueva confrontación en el mundo, una verdadera guerra de sexos, donde las posturas radicales exigen castigos para los presuntos responsables sin que se exhiban pruebas de los hechos que se le imputan, sean o no ciertos. Como ejemplo tenemos el caso del cineasta norteamericano-polaco Roman Polanski, chivo expiatorio, a quien se le acusa de haber tenido relaciones sexuales con una menor de edad en Estados Unidos, y a pesar de haber transcurrido varias décadas de los hechos, recientemente los grupos feministas radicales le impidieron posesionarse como presidente de los premios de cine francés César. Un verdadero Tribunal de la Santa Inquisición.