La radio, periodismo y mensajería

La radio, periodismo y mensajería

La Voz de Montería patrimonio de Córdoba

Por: Antonio Sánchez Charry

Para finales de la década de los años 50 del siglo pasado la mayoría de las actividades en Montería y Córdoba giraban alrededor de las estaciones de radio, por la inexistencia de un oportuno y adecuado sistema de comunicación entre Montería y las demás cabeceras municipales.

En Montería existía una planta con 1.500 teléfonos de propiedad de la Telefónica de Bolívar. Para las comunicaciones con el resto del departamento existía un anticuado sistema con teléfonos de Magneto. Muchas regiones se encontraban totalmente incomunicadas. Fue entonces cuando Hernando Galofre, el popular “Pocheche”, trajo a sus almacenes los primeros radios, que los sinuanos bautizaron como “Panelitas”, que funcionaban con baterías y que se convirtieron en compañeros inseparables de nuestras familias campesinas.

Para esa época ya Montería contaba con tres potentes emisoras, a saber: La Voz del Sinú, Radio Cordobesa y la Voz Montería. Luego aparecieron Transmisora Río y Ondas de Urrá, todas ellas de Amplitud Modulada (AM).

Las comunicaciones entre los habitantes de Montería y el resto del departamento comenzaron a través de mensajes radiales que fueron conocidos como “Servicio Social”. Los más beneficiados fueron los dueños de fincas y los comerciantes que solucionaron numerosas necesidades, estableciendo un servicio de mensajería por intermedio de las emisoras.

Hubo mensajes de toda clase. Desde aquel en el que el dueño de la finca solicitaba a su capataz le fijara bestias en determinado lugar, hasta el aviso del fallecimiento de alguna persona. Como si fuera hoy recordamos uno de estos avisos por intermedio de la Emisora Sinú en el cual se le “avisaba a una señora de nombre Ernestina, en San Francisco del Rayo que “La Chule” había parido varón, con la nariz ñata y los ojos negros, igualitos a los del vecino”.

Otro: Se avisaba en Tres Piedras a Néstor López y familia que se había aplazado la fecha de matrimonio de su hijo Ernestico porque el perro de la señora Justa lo mordió en mala parte.

Finalmente: “A Teodora Espita en la región de El Caramelo le avisamos que el doctor Bechara operó a la hija de la señora Candita del tumor en la barriga y resultó que no era ningún tumor sino un muchachito”.

De los hombres de la radio en Córdoba somos muy pocos los que aún subsistimos. Están los hermanos José Iginio, Mañito y Ricardo Rossi Grandett, Pacho Mendoza Agámez, Navis Assias, Rosendo Agámez, Jorge Franco, José Julian Blanquicett, Jairo Petro Silva y Gilberto Usta Álvarez.

Con el transcurrir de los años las estaciones de radio sirvieron para que los grupos políticos hicieran su proselitismo en esta capital. Tanto emisora Sinú, como Radio Cordobesa se matricularon con los movimientos de Libardo López Gómez, por una parte, aliado con el conservador Miguel Escobar Méndez, mientras que por la otra Germán Bula Hoyos,

en maridaje con Amaury García Burgos. Germán Gómez Peláez, desde su emisora la Voz de Montería, con una mayor cobertura, hacía política en pro de las comunidades más desfavorecidas de las provincias. Hasta ellos llegaban sus mensajes de aliento y resistencia y su lucha para que se atendieran las necesidades de esos olvidados pueblos. De estas tres emisoras solo subsiste como patrimonio de los cordobeses la Voz de Montería.

En ese entonces las emisoras de Amplitud Modulada transmitían eventos religiosos (misas y procesiones), fandangos, bailes en clubes sociales y casetas, béisbol, boxeo, ciclismo, corralejas, manifestaciones políticas y hasta sepelios y cumpleaños. En cuanto a la música la programación era totalmente diferente a lo que escuchamos hoy.

Iniciaban las emisoras sus labores desde las cinco de la mañana con música colombiana, principalmente del interior del país. De las nueve en adelante música tropical variada y luego de los noticieros del mediodía, fragmentos de música clásica hasta las dos o tres de la tarde. A esa hora se escuchaba música de la costa y luego del noticiero de la noche, conciertos de boleros hasta la hora de cierre. Los fines de semana se alternaba esta programación con música fiestera.

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