Un Río de Libros y Feria de la lectura en Montería

Un Río de Libros y Feria de la lectura en Montería

Por: Ramiro Guzmán Arteaga (*)

Lo he dicho, Montería necesita superar el oscurantismo cultural y literario en que lo sumió la violencia que deprimió la lectura y solo dejó una “incultura populachera” y una literatura facilista, etérea, pero violenta y mafiosa, inspirada en el paramilitarismo y el narcotráfico, con un enorme impacto negativo en el imaginario colectivo.

Con el post-acuerdo se requiere reconstruir el concepto de cultura. En lo cotidiano hay que empezar por superar la gritería familiar y callejera, incluida la de las redes sociales. Que la lectura vuelva a ser una actividad colectiva, social.

Que se vuelvan a intercambiar libros. En fin, es necesario reinventar el concepto de cultura popular, entendida esta – como diría Mario Vargas Llosa – como una forma de cultura menos refinada, menos artificiosa y menos pretenciosa, pero más libre, más genuina, más crítica, más audaz y, sobretodo, que le genere identidad a Montería. Sabemos que se necesita mucho tiempo, pero este proceso arrancó y no debe parar, por lo que la Feria del Libro y el proyecto Planchón Literario en la orilla del conocimiento deben evolucionar por siempre, con buen viento y buena mar. Que no pasen a ser fotos de periódicos, ni flor de un día.

En este contexto, la II Feria de la Lectura de Montería, Un Río de Libros, que se llevará a cabo del 19 al 22 de octubre, y que tiene como telón de fondo el proyecto Planchón Literario en la orilla del conocimiento, ofrece en esta ocasión una programación que busca aportar para que Montería sea una ciudad ambientalmente y culturalmente sostenible.

Durante su intervención en el acto de lanzamiento, cumplido el sábado 30 de septiembre, en el salón Bombardino del Hotel GHL, el alcalde de Montería Marcos Daniel Pineda García puso la primera piedra al reconocer que “para que Montería sea una ciudad verdaderamente sostenible hay que acercarla más a la gente desde lo cultural y lo ambiental”. Y para que el anuncio no quedara en el vacío, confirmó la realización de eventos no solo en el Centro Comercial Buenavista sino también en otros sectores de la ciudad. Y lo más importante: los ciudadanos no tendrán que exprimir el último centavo de su economía familiar por cuanto los eventos serán gratis.

Un aspecto a destacar en esta ocasión es la valoración de la cultura y literatura cordobesas, hoy seriamente amenazadas por la industria cultural, las reglas del mercadeo (marketing), y las nuevas formas de distracción impuestas por los canales privados de televisión, que al lado de las redes sociales parecen alejar a la juventud del libro.

Por eso, esta segunda entrega del Festival de la Lectura busca incentivar el amor hacia la lectura, hacia el libro. Y en este contexto, no se puede negar el trabajo que desde hace un año adelantan la gestora social Natalia Ariza y un equipo de jóvenes diligentes en cabeza de la estudiante de Comunicación Social Luz Hernández; a ellas hay que reconocerles, con un valor especial, el estar desarrollando el proyecto Planchón Literario en la orilla del conocimiento, una iniciativa que busca sensibilizar a jóvenes estudiantes y habitantes de distintos barrios de Montería hacia el hábito de la lectura. El proyecto ha llegado a 10 instituciones educativas de Montería en donde se han beneficiado en forma directa 1.185 estudiantes y otros 3.730 habitantes de forma indirecta a través de talleres lúdicos recreativos. Además, se ha llevado el Planchón Literario a 30 barrios de Montería en los que se ha beneficiado a 1.050 monterianos y a 1.864 de forma indirecta a través de talleres lúdicos para fomentar el hábito de la lectura.

De modo que la II Feria del Libro y el espacio que comparte con el proyecto Planchón Literario en la orilla del conocimiento, son iniciativas que surgen en momentos en que Montería más las necesita, ahora que entramos en la implementación del post-acuerdo. Sin embargo, todos estos esfuerzos se deberán reflejar en lo que se ha dado en llamar “cultura ciudadana”, en la cultura de la calle, y que sea también el producto del grado de satisfacción de necesidades básicas.

(*) Comunicador Social-Periodista, Mg. en Educación y docente universitario.

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